Extracto del La novela de Genji, de Murasaki Shikibu. (c) Ediciones Destino. Traducción de X. Roca Ferrer Genji, en deshabillé, lee a la luz de una lámpara de aceite. Encima de un estante se acumulan hojas de papel de colores dobladas con arte delicado, pues sólo al japonés se le ha ocurrido hacer un arte de algo tan prosaico como doblar un folio. Seguramente son cartas de amor, y algunas conservan aún restos de perfume Aunque aún no ha cumplido quince años, por su apostura y méritos es ya famoso en todo el país, y se le conoce como «Genji, el resplandeciente». El favor que el soberano ha derramado a manos llenas sobre él desde que nació hace que su conducta sea observada con lupa y criticada con más frecuencia de lo deseable. A pesar de ser el yerno de un ministro, la corte no lo tiene por un modelo de fidelidad conyugal, hecho que sus amigos achacan a la extrema frialdad con que siempre lo ha tratado su esposa Aoi, cuatro años mayor que él, perpetuamente encerrada en el palacio que su padre tiene en Sanjo. Entra en la estancia To no Chujo, hermano mayor de su esposa Aoi y, como él, oficial de la guardia imperial. Algo más alto y robusto que Genji y de rostro hermoso y viril, el recién llegado aventaja a su cuñado en años y experiencia, pero carece de su encanto casi divino. TO NO CHUJO: (Señalando las cartas de colores.) ¿Qué son esos papeles? ¿Una pequeña colección de las cartitas que recibe un día sí y otro también mi querido cuñado? ¿Quién no pagaría por echarles un vistazo? Espero que a mi no me harás pagar… Por algo soy de la familia. GENJI: Está bien. Pero no las tendrás todas. Te dejaré ver algunas, pero hay otras que preferiría que no vieras… TO NO CHUJO: ¡Justamente las que más me interesan! Todas las cartas de amor se parecen (lamento decir que suelen ser de una vulgaridad extrema), y he tenido montones en mis manos. De manera que sólo me interesan las realmente apasionadas, las misivas que ha escrito al anochecer una dama llena de resentimiento por no haber sido visitada en todo el día por su hombre tal como ella esperaba… Genji coge un puñado de cartas y las pone en manos de su cuñado. Seguramente han sido escritas por damas de poca monta, que nunca llegaron a interesarle de verdad. De lo contrario, no las habría dejado tan a la vista. TO NO CHUJO: (Examinando las cartas muy por encima.) Las hay de todas clases. ¿Quieres que pruebe a adivinar quiénes son las autoras? Aquí hay una cuya caligrafía me resulta extremadamente familiar… GENJI: (Riendo.) Porque la autora también te ha escrito a tí… y a cincuenta más. ¡Quizás a todos los oficiales de la guardia de palacio! No sería la única… ¡Seguro que tu colección de cartas no es inferior a la mía! Cuando me la hayas mostrado, te dejaré ver el resto. De momento me las reservo. TO NO CHUJO: Mucho me temo que no tienes nada que pueda interesarme. Ocurre con las mujeres como con todo: muy pocas merecen ser puestas en la categoría de «perfectas ». Puede parecer triste pero es la única conclusión a la que he llegado después de muchos años de trato. A primera vista todas parecen interesantes. Sus cartas, sus contestaciones a las nuestras… todo parece indicar que la dama en cuestión es un prodigio de sensibilidad y cultura. Pero cuando la cosa avanza, ¡qué pocas son capaces de pasar la prueba definitiva! Todas tienen sus recursos, su repertorio de truquitos para hacernos caer en la trampa… Todas se admiran a ellas mismas como si tuviesen el talento de la gran Ono no Komachiy hablan mal de sus rivales con una grosería que a veces abochorna. Muchas viven guardadas por progenitores que sueñan con un futuro brillante para sus pollitas, y les celebran todas las gracias que son capaces de escribir o pronunciar… Son jóvenes, moninas, afectuosas y despreocupadas, y para no aburrirse empiezan a imitar algún modelo que tienen a mano hasta que acaban aprendiendo mejor o peor alguna técnica o arte menor. Luego, cuando sus amigas hablan de ellas, sólo se refieren a lo favorable, y ensalzan sus habilidades como si de veras fueran algo excepcional… Tampoco puede decirse que mientan descaradamente pero lo cierto es que, cuando empezamos a juzgarlas con nuestros propios ojos, la realidad no tiene nunca nada que ver con lo que la fama nos ha vendido… A To no Chujo se le escapa un suspiro. Se nota que la experiencia habla por su boca. Genji parece no estar de acuerdo, sonríe y pregunta: GENJI: ¿Has conocido alguna mujer que no tuviera ninguna gracia? ...
|
||||||||||||||||||